Yuri Zatariain en la Biblioteca del Pueblo Bonito Vantage Centro Histórico

Por José Luis Echeagaray

Rodeado de sus obras en el Patio del Espectular Pueblo Bonito Vantage Centro Histórico el artista mazatleco Yuri Zatarain sonríe, es la sonrisa de alguien que ha recorrido el mundo con su arte y que, sin embargo, siempre encuentra el camino de vuelta al mismo punto: su infancia, su barrio, su árbol, su recámara y su ciudad natal.

Mazatlán no es solo el lugar donde nació. Es, en sus palabras, «el sitio al que siempre quieres volver», ese rincón del mundo que conserva un encanto capaz de hacer creer en los sueños.

Aunque su carrera como artista plástico se consolidó desde muy joven en Guadalajara y posteriormente lo llevó a exponer en ciudades como Nueva York, Los Ángeles, París, Milán y muchas más, Zatarain confiesa que toda su obra nace de un solo lugar: su recámara de niño en la calle Carvajal y un árbol que aún está allí.

«Más de 25 años de carrera y sigo pintando la misma historia», dice sin titubeos. «Ese árbol estaba justo detrás de mi cuarto. Cuando era niño, le hablaba. Le decía que quería viajar, conocer el mundo, hacer cosas grandes. Hoy que viajo, lo sigo viendo desde otro ángulo. Sigo pintando lo que hay dentro de ese cuarto».

Esa imagen, tan íntima y a la vez tan poderosa, se ha convertido en el eje de toda su producción artística.

Un origen inesperado

Lo curioso es que Zatarain no comenzó pintando por vocación inmediata. De niño, un compañero de escuela hacía dibujos excepcionales y se los regalaba. Él se los llevaba a su padre como si fueran propios. «Mi papá me decía desde el coche: ‘Guau, hijo, vas a ser el mejor pintor del mundo’», recuerda. Esa fe paterna fue el primer impulso. Cuando finalmente tuvo que pintar algo frente a los amigos de su padre, sintió miedo y copió los dibujos del amigo. Pero fue ahí, en ese instante de crisis infantil, donde nació su deseo de mejorar cada día. A los seis años ganó su primer concurso de pintura.

La historia de Zatarain está marcada por esa constante: el impulso interior por construir un mundo en el que aquel niño pudiera pintar, crecer y soñar. Y en ese trayecto se convirtió en Yuri Zatarain, una marca, un artista, un personaje multifacético que conjuga al empresario, al creativo y al comunicador.

El artista que nunca se detiene

Yuri divide sus días como si fueran tres vidas distintas: es empresario de 6 a 10 de la mañana, artista de 10 a 6 de la tarde, y luego figura pública, invitado a conferencias, exposiciones y eventos. Su taller, que describe como «una nave industrial de locos», es un centro multidisciplinario que incluye áreas para pintura, dibujo, escultura, una oficina, tres galerías (San Miguel, CDMX y Guadalajara) y un museo que lleva su nombre.

Aunque la rutina es intensa, la chispa creativa no se apaga. Zatarain afirma que rara vez deja una obra inconclusa de un día para otro, porque “no soy el mismo al día siguiente”.

Su energía cambia con las horas, con los viajes, con los encuentros. A pesar del ritmo y la demanda, mantiene una relación profundamente emocional con su arte. Cada pieza, cada rostro que pinta, cada línea que traza, es un retorno, una busqueda, un hallazgo.

Obras de Yuri Zatarain en el precioso Pueblo Bonito Vantage Centro Histórico

Oaxaca y Mazatlán: los dos polos de la inspiración

Aunque Mazatlán representa el corazón y la raíz, Yuri reconoce que hay otro sitio que ha sido clave en su desarrollo artístico: Oaxaca. Vivió allí tres años, inmerso en la atmósfera cultural de la ciudad, donde para él, la energía lo transforma todo.

“En Oaxaca no necesitas que algo pase. La energía del lugar te captura y no te deja ir”, precisa.

Ahí encontró otra parte de su espíritu creativo que aún hoy sigue buscando recuperar en cada visita.

Pero siempre regresa a Mazatlán. Habla con ternura de su infancia en la ciudad, de sus amigos de escuela, (con muchos de los cuales comparte la pasión por el arte), de los valores y el sentido del humor del mazatleco:

“Mazatlán parece una ciudad pequeña, pero en realidad es enorme y lo que la hace única no son los edificios ni el mar: son las personas”, afirma con convicción.

La gente de su ciudad lo abrazó con cariño cuando le entregaron las llaves de Mazatlán y más tarde, el reconocimiento como «Sinaloense Ejemplar en el Mundo». Pero más allá de los premios, lo que lo conmueve es ver sus obras expuestas en su tierra, y saber que aquí también hay quienes creen en su visión, en su árbol, en su recámara, en su arte.

«Mi nombre es una marca», dice Yuri, pero deja claro que detrás de la marca hay una historia profundamente humana. Lo que lo mueve no es la fama ni el éxito, sino una necesidad interior: contar, una y otra vez, la historia del niño que quería volar desde Mazatlán hacia el mundo, y que hoy sigue pintando ese deseo con cada trazo.

Quizá por eso, cada vez que alguien le pregunta de dónde viene su inspiración, no duda: “Toda mi vida he pintado lo mismo. Mi cuarto, mi árbol, mi infancia. Todo lo demás viene de ahí”.

Sobre Yuri Zatarain

Yuri Zatarain es un artista plástico mexicano nacido en 1972 en Mazatlán, Sinaloa. Estudió Diseño Industrial en la Universidad Autónoma de Guadalajara, y a lo largo de su carrera ha incursionado en diversas disciplinas como la pintura, escultura, grabado y diseño.

Su obra se caracteriza por explorar temas como el amor, la imaginación, la voluntad, la magia y la belleza, buscando conectar emocionalmente con el espectador. Ha participado en más de 250 exposiciones internacionales en ciudades como Nueva York, París, Londres, Milán, Moscú, Dubái, Atenas, San Francisco, Miami, Los Ángeles, Río de Janeiro, Bogotá, Santiago de Chile y Ciudad de México.

Zatarain ha sido reconocido con diversos premios y distinciones, entre ellos el premio Arte Joven de Jalisco a los 22 años, la Medalla Antonio Leaño Álvarez del Castillo otorgada por la Universidad Autónoma de Guadalajara, y el reconocimiento como «Sinaloense Ejemplar en el Mundo». Además, ha colaborado con marcas internacionales como Chanel, Salvatore Ferragamo, Ferrari y Audi, y ha diseñado para hoteles como el Four Seasons.

Actualmente, dirige galerías en Guadalajara, San Miguel de Allende y Ciudad de México, y continúa desarrollando su obra artística, que busca ser un reflejo de las emociones humanas y una invitación a la introspección.

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