Se sabe que Adela Velarde nació en 1900 en el estado de Chihuahua, probablemente en Ciudad Juárez, en una familia de clase alta. Según la biografía oficial del gobierno de México, era nieta del destacado general juarista Rafael Velarde, quien luchó contra las tropas francesas.
Siendo todavía adolescente, se unió a la Revolución Mexicana, colaborando con la Asociación Mexicana de la Cruz Blanca en actividades de enfermería. Formó parte de la División del Norte del Ejército Constitucionalista y más tarde se incorporó al Cuerpo de Ejército del Noreste.
El 22 de febrero de 1941, fue reconocida por la Secretaría de Defensa Nacional como «Veterana de la Revolución». Además, en 1962, el Museo de la Mujer reportó que fue nombrada miembro de la Legión de Honor Mexicana.
Tras la Revolución, trabajó como mecanógrafa en la administración de Correos en Ciudad de México. En 1965 se reencontró con el coronel Alfredo Villegas, un compañero de lucha, con quien se casó ese mismo año. Después, la pareja se mudó a Estados Unidos, donde ella vivió hasta su muerte en 1971 a causa de un cáncer de ovario. Sus restos descansan en el cementerio de San Felipe en Del Río, Texas.
Esta es prácticamente toda la información verificada sobre su vida. A partir de aquí, las historias se convierten en relatos, a menudo exagerados, impulsados por el romanticismo de su figura.
El mito de Adela Velarde la presenta como una joven valiente y hermosa, cuyos ideales revolucionarios la convirtieron en un modelo para otras mujeres que se unieron a la lucha, conocidas como «adelitas», quienes jugaron un papel crucial en las guerrillas. Pocos nombres de «adelitas» han trascendido el anonimato histórico, entre ellos el de Adela Velarde, en gran parte gracias al famoso corrido que lleva su nombre. La versión más romántica de esta historia, que se convirtió en símbolo de la Revolución Mexicana y que hizo que muchos hispanohablantes asocien la palabra «Adelita» con la canción «se fuera con otro…», ha sido relatada por el historiador mexicano José Alberto Galindo.